Aprender una lengua, descubrir un mundo

Soledad Iranzo (Profesora de ELE del CLM)

No sé si podría nominarla como “el mayor tesoro”, pero sí creo que uno de los grandes dones de los que disponemos es la lengua y su capacidad intrínseca para comunicarnos. La lengua, no ya solo como vehículo de conocimiento científico, sino –principalmente- como vehículo de percepción de la realidad. A través de ella, de sus palabras, de diferentes estructuras sintácticas,  de su patrimonial fraseología, nos describimos a nosotros  y  verbalizamos el mundo en que vivimos.

Formación LEX en Aula Multimedia
Sesión de formación para profesores de lenguas extranjeras en el Aula Multimedia del CLM.

Desde hace ya bastantes años, los profesores del CLM nos dedicamos a enseñar nuestros respectivos idiomas y de esta manera  cada vez que nos comunicamos en el aula, además de transmitir unas determinadas estructuras lingüísticas, transmitimos la cultura y la historia de millones de hombres y mujeres que la han hecho posible.  Y el estudiante, el aprendiz, el aprendiente, interioriza una nueva visión del mundo que le permitirá ampliar su propia vida.

Siempre, como profesora, me han resultado conmovedores los estudiantes de nivel inicial el primer día de clase. Se sientan en el aula conscientes de estar adentrándose en un nuevo universo, nerviosos y balbuceantes, dispuestos a dejarse llevar de la mano a través de la gran aventura que supone aprender una nueva lengua. Basta observarlos unos días después para comprobar la satisfacción que les produce identificar los signos que poco tiempo atrás no significaban nada.

Estudiantes de todo el mundo en el Patio del CLM
Actividad diaria en el Patio del Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada.

En todos los niveles en los que se estructura el  dominio de la lengua, una percibe esa misma disposición a la aventura, atravesando el mundo hispano de punta a punta, jugando con las posibilidades que ofrece la comunicación humana en diferentes situaciones y lugares, atreviéndose a hacer de su nueva lengua y de su nuevo mundo un espacio donde desarrollar una nueva creatividad que les permite recrearse como hablantes de español.

Y, claro, tratándose de comunicación nuestra gran arma (tanto para profesores como para estudiantes) es la reciprocidad: enseñar una lengua es también aprender y aprender una lengua es también enseñar. Aprendo de mis estudiantes mi propia lengua gracias a sus reflexiones, a sus errores, a sus preguntas, a sus observaciones sobre la realidad española en la que viven y de la que participan. Aprendo, además, las peculiaridades de las que diferentes lenguas y culturas del mundo se valen para explicar la vida, para expresar el ritmo cotidiano con sus emociones, con sus gustos y disgustos, con su –en definitiva- humanidad.

Autorretrato de Soledad IranzoDurante todo el proceso de aprendizaje una es testigo y partícipe de su adentramiento en la ciudad asistiendo al dominio de sus intrincadas callejuelas, plazas y lugares desde donde afianzan también la lengua que enseñamos. Y a menudo resulta fascinante compartir la mirada con la que observan nuestra realidad.

Y así, intercambiando nuestros mundos, conseguimos crear un espacio donde convergen no dos líneas, sino cientos de aventureros y amables conquistadores con un  solo objetivo común: el placer de la comunicación.

Pantano granadino
Aprender una lengua, navegar hacia todos los mares.

 

 

 

Comparte esto:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *