¿Qué es el mindfulness?

Ana Herrero Hernández (profesora de español ELE, CLM)

En lugar de definírtelo, te voy a invitar a que mires esa foto y que además reflexiones un poco sobre las siguientes preguntas:

El mindfulness consiste en centrar la atención, de manera desapasionada, en las percepciones, los pensamientos, las emociones, las sensaciones y el ambiente que nos rodea, sin plantearse si son adecuados, ajenos a cualquier problema, a  sus causas, consecuencias y a las posibles soluciones.
El mindfulness consiste en centrar la atención, de manera desapasionada, en las percepciones, los pensamientos, las emociones, las sensaciones y el ambiente que nos rodea, sin plantearse si son adecuados.

– ¿Alguna vez practicando algún deporte, interpretando música o creando una obra de arte, has sentido que todos tus pensamientos pasaban a un segundo plano y que estabas completamente absorto en tu actividad presente?

– ¿Te has encontrado alguna vez en una situación peligrosa en la que los sentidos se te han avivado mucho y has tenido la atención tan enfocada como un rayo láser?

– ¿Has mirado a un recién nacido y te has quedado sobrecogido de amor y de asombro?

– ¿Alguna vez creando una actividad de clase como profesor te has quedado tan absorto que has sentido ya el éxito de esa actividad en tu clase sólo por el disfrute momentáneo que has sentido al crearla de estar completamente en el momento presente de la propia creación?

– ¿Alguna vez realizando una actividad como estudiante has estado tan implicado en el proceso de su realización que has sentido ganas de continuarla por no querer salir de ese momento de conexión único e irrepetible de estar simplemente presente en ese momento?

Esos momentos se nos hacen inolvidables y se quedan grabados en nuestro subconsciente simplemente porque nuestra mente no está entretenida en hacer juicios ni comparaciones. Y es por eso que sentimos la necesidad de repetirlos.

Esta emoción placentera, al igual que cualquier otra emoción, nos crea adicción.

¿Os imagináis cómo serían nuestras clases si fueran una suma constante de instantes presentes para el profesor y los estudiantes?

Parece difícil porque nos dejamos llevar por la inercia de repetir una y otra vez nuestras lecciones mientras dejamos que nuestra mente divague en otras tareas. Lo más relevante es que el entrenamiento es fácil, es divertido y además no es una consciencia que tengamos que construir. Todos nacemos con ella, sólo es cuestión de entrenamiento.

Con el mindfulness somos ajenos a cualquier problema, a  sus causas, consecuencias y a las posibles soluciones.
Con el mindfulness somos ajenos a cualquier problema, a sus causas, consecuencias y a las posibles soluciones.

Y todo ello, ¿para qué?:

– favorecer la función inmunitaria, el desarrollo cognitivo, las habilidades de atención y la regulación emocional (ansiedad), favorecer la felicidad y volvernos más empáticos.

– para trabajar y desarrollar la inteligencia intrapersonal, interpersonal, cinestésica…entre otras.

La parte más interesante es que debe formarse y familiarizarse el profesor primero con estás técnicas (herramientas o recursos). El sentimiento de bienestar del profesor producirá un entorno de bienestar para los alumnos.

 En las aulas se repite mil veces a los alumnos que presten atención, pero no se les enseña cómo. Ser conscientes de su respiración, de sus pautas de pensamiento y a relajarse en sus cuerpos, favorecen el desarrollo mental y físico de profesores y estudiantes dando como resultado clases más activas, más creativas, más divertidas y más dinámicas, ya que durante la clase reducimos la ansiedad y otros estados de ánimo difíciles (como el estrés al enfrentarse a una nueva lengua o a una nueva cultura en un espacio que tampoco es familiar para el estudiante, hablamos tanto de presencialidad en el aula como de la enseñanza online)

Los resultados son que educamos a nuestros alumnos en la confianza y los enfocamos en el proceso de aprendizaje más que en el resultado final (el examen).

EJEMPLOS DE ACTIVIDADES MINDFULNESS EN EL AULA DE ELE:

– Cada 20 minutos, levantarnos y movernos por la clase en silencio, sintiendo el movimiento de nuestro cuerpo, podemos caminar, estirarnos, bailar…Cinco minutos es suficiente. Después hacemos dos o tres minutos de reflexión sobre cómo nos sentimos después de estos minutos en movimiento.

– Se pueden aprovechar estos minutos de movimiento por la clase para hacer alguna actividad por ejemplo de vocabulario si a cada alumno se le asigna una letra y se les pide que busquen cosas en la clase que empiecen por esa letra (nivel A1-A2).

– También se les puede pedir durante ese tiempo de paseo que se paren delante de algún objeto que les llame la atención y que lo miren como si fuera la primera vez que lo ven, poniendo toda la atención en colores, textura…y que lo relacionen con algún momento de su vida. De vuelta a sus asientos, se les pide que cierren los ojos y que revivan todo lo relacionado con ese objeto. El profesor, durante dos o tres minutos, los guiará con la respiración. Al finalizar, se les pide que lo compartan en parejas, en grupo pequeño o en grupo de clase.

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– Para tomar consciencia del cuerpo o “despertar al cuerpo”, se les pide que después del paseo se pongan en parejas y se hagan un “masaje de verbos”. Uno escribe en la espalda del compañero un infinitivo y el otro responde con la forma verbal de la persona vosotros en el tiempo que estemos trabajando en ese momento. Así integramos los contenidos de clase al mismo tiempo que despertamos todos nuestros sentidos, es inevitable permanecer “atento”.

Hay muchas más, lo más importante es preguntar a los alumnos después de cada una de estas actividades cómo se sienten para hacerles conscientes de esa emoción-sensación e invitar a su subconsciente a querer repetirla en las siguientes clases.

Y luego pregúntate tú, como profesor, como te has sentido, observa el estado emocional de la clase y el tuyo. Deja que esa emoción de satisfacción y de alegría se transforme en motivación para la actividad siguiente, momento a momento, instante tras instante.

Ahora os invito a que cojáis un papel en blanco y un bolígrafo y que cerréis los ojos. Empezamos dibujando una línea recta y cada vez que observemos que la mente se nos va hacemos una línea en pico. Durante tres o cuatro minutos. Podéis ver el funcionamiento de nuestra mente y la necesidad de mantenernos distraídos. Esa observación sobre cómo funciona nuestra mente nos lleva a darnos cuenta de cuánto de nuestro tiempo lo pasamos en “piloto automático”.

Pues bien, eso es meditar, esa es la parte más importante del entrenamiento mindfulness. ¿No es difícil verdad?

El mero acto de detenernos para respirar ya nos está ayudando a desacelerarnos.

Estoy segura que ya te habrás identificado con esta forma de trabajar porque sin duda ya todos hacemos esto en las clases, la diferencia es que al hacerlo de forma consciente se disfruta más y el resultado es más satisfactorio y por lo tanto más duradero.

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