Un viaje a Florencia

Rosa Rubio (alumna del CLM)

Mi nombre es Rosa Rubio, una chica de 35 años que ha estudiado italiano en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada.

Gracias a una beca, el CLM me dio la oportunidad de viajar a Florencia la primera semana de septiembre  para realizar un curso de italiano.

El curso se desarrolló en el Centro Machiavelli, que está situado en el Barrio de Oltrarno, en la Piazza Santo Spirito, famosa por la basílica del mismo nombre. También esta cerca del Palazzo Pitti y Porta Romana y a menos de diez minutos del Ponte Vecchio.

La estudiante del CLM Rosa Rubio frente a Ponte Vecchio, sobre el Río Arno, en Florencia.
La estudiante del CLM Rosa Rubio frente a Ponte Vecchio, sobre el Río Arno, en Florencia.

Cuando llegue a la escuela, me estaban esperando. Después de realizar la matrícula y comprobar mi nivel de italiano, los responsables del centro procedieron a ubicarme en el nivel más adecuado a mi conocimiento de italiano. Fue extraño llegar a clase y encontrarme con estudiantes de diversas nacionalidades, japoneses, rusos y alemanes, entre otros, pero ningún español. Aunque al principio me sentí un poco aturdida, ya que no sabía como me iba a relacionar con ellos, tanto mis compañeros como mi profesor Cristiano se esforzaron todo lo posible por hablar conmigo.

Clases de italiano en el Centro Machiavelli.
Clases de italiano en el Centro Machiavelli.

Cristiano es un profesor lleno de paciencia. Cada uno de los estudiantes hablaban italiano de una manera particular, pero él intentaba que todos entendiéramos lo que estaba diciendo y, si tenia que repetir una misma frase cinco veces, lo hacía.

Las clases intensivas se desarrollaban de lunes a viernes y se dividían en dos sesiones de dos horas cada una con un descanso de vente minutos entre sesiones. La primera sesión estaba enfocada a la gramática, mientras que la segunda parte iba dirigida a conversación. Esto nos permitía irnos conociendo todos los estudiantes, ya que las conversaciones eran diálogos con distintos compañeros o diversos juegos. Estas dos horas se pasaban rápido, pues el profesor intentaba también enseñarnos cultura italiana, algunos platos típicos italianos, lugares, fiestas, etc..

A clase el estudiante sólo tiene que llevar bolígrafo y papel, pues la Escuela Machiavelli te proporciona todo el material, diversos cuadernillos y folios. Como tarea para hacer en casa, sólo teníamos algún ejercicio de refuerzo que se hacía de manera rápida.

El centro está ubicado en un barrio muy adecuado para los jóvenes, pues está frecuentado por la juventud florentina y no tanto por los turistas. En la misma Piazza Spirito se pueden encontrar diversos bares y restaurantes bastante económicos. Por la mañana, se puede ver a los jóvenes y no tan jóvenes comiendo pizza sentados en las escaleras de la iglesia y por la noche cenando aperitivos (l’aperitivo italiano) en alguno de los mucho bares. Se trata de una especie de “happy hour” en la que, por el consumo de una bebida, puedes comer lo que quieras de una barra de aperitivos, normalmente pasta, quesos, ensaladas y algunos embutidos de esta región.

Rosa, en la Galería de la Academia de Florencia.
Rosa, en la Galería de la Academia de Florencia.

El Centro Machiavelli, ademas de las clases, ofrece, de manera gratuita, actividades culturales complementarias que nos  permite a los estudiantes un espacio adicional para practicar el italiano y conocer a otros estudiantes del centro, tanto músicos como artistas, y darnos a conocer la gran oferta cultural de Florencia. Nuestra guía era Rima, una persona muy agradable que intentaba que todos pudiéramos entender las visitas, que se hacían en italiano. Entre todos nos ayudábamos para lograr entender las explicaciones.

Aunque el Centro dispone de servicio de alojamiento con precios asequibles, yo misma me busqué un piso en el centro de Florencia. Algunos compañeros de clase vivían con familias o profesores. Estaban contentos porque no estaban solos y recibían la ayuda que necesitaban de sus anfitriones.

Dos semanas pasan muy rápido y la verdad es que me dio pena tener que marcharme y dejar el Centro, que durante esos quince días se había convertido en mi familia en esta bella ciudad.

La experiencia en Machiavelli es algo que siempre recordaré. He aprendido a hablar en italiano, que era lo que más me costaba y a conocer gente maravillosa que se cruzaron en mis vidas y que ahora son mis amigos. Quiero agradecer a todas las personas que han contribuido a hacer de esta experiencia algo inolvidable.

No perdáis la oportunidad de vivir una experiencia como ésta. Resulta difícil ponerse en marcha, pero luego es difícil regresar.

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